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Therian: la identidad que desconcierta a padres y redefine vínculos familiares

Jóvenes que se identifican como animales: emociones, pertenencia y el desafío para las familias.
Relaciones y Familia01 de mayo de 2026 Camila Sarmiento
Therian- la identidad que desconcierta a padres y redefine vínculos familiares
Therian- la identidad que desconcierta a padres y redefine vínculos familiares.

Algo está pasando… y muchos padres no saben cómo nombrarlo. De pronto, un hijo comienza a decir que se siente lobo, gato, zorro. No como un juego. No como una etapa pasajera cualquiera. Lo dice con una certeza que desconcierta. Se comporta distinto, se aísla, encuentra refugio en comunidades donde por fin siente que pertenece.

Y entonces aparece la pregunta que nadie sabe responder sin miedo:
¿qué está pasando realmente?

No es el animal… es lo que representa

Hablar de “therians” desde la superficie es quedarse corto.

Porque el punto no es si un joven se identifica con un animal. El verdadero tema es qué necesidad emocional está intentando resolver al hacerlo.

En muchos casos, ese “animal” no es una elección al azar. Representa algo profundamente simbólico: protección, fuerza, invisibilidad, libertad, instinto… o incluso desconexión del dolor.

Cuando un adolescente dice “soy un lobo”, pocas veces está hablando de biología.
Está hablando —sin saberlo— de cómo se siente en el mundo.

Cuando la familia deja de ser refugio

Aquí es donde la mirada sistémica abre una puerta distinta.

Desde las constelaciones familiares, se ha observado durante años que los síntomas en los hijos rara vez son aislados. Son expresiones de algo que el sistema completo no ha podido ordenar.

No siempre hay grandes tragedias visibles. A veces es algo más sutil, pero igual de profundo:

Un hijo que no se siente visto.
Un vínculo que se volvió funcional, pero no emocional.
Un dolor que alguien en la familia guardó… y nadie nombró.

Entonces, el joven busca pertenecer en otro lugar. Y si no lo encuentra en lo humano, lo construye en otro plano.

No porque esté confundido.
Sino porque necesita sostenerse de algo que sí le dé sentido.

Lo que muchos padres hacen… y empeora todo

La reacción inmediata suele ser el rechazo.

“Eso no existe.”
“Se te va a quitar.”
“Estás mal.”

Pero detrás de esa respuesta hay miedo. Y ese miedo, aunque comprensible, rompe el puente justo cuando más se necesita construirlo.

Cuando un joven siente que no puede ser escuchado en casa, no abandona lo que siente.
Abandona el intento de explicarlo.

Y ahí es donde el fenómeno deja de ser una expresión… y se vuelve una desconexión real.

Lo que muchos padres hacen… y empeora todo
Lo que muchos padres hacen… y empeora todo.

Entonces, ¿qué sí pueden hacer los padres?

No se trata de aceptar sin cuestionar.
Se trata de entender antes de reaccionar.

Acompañar no significa validar todo. Significa no perder el vínculo mientras se busca comprender.

Un padre que se detiene a escuchar —de verdad escuchar— empieza a ver cosas que antes no estaban visibles.

A veces aparece tristeza.
A veces soledad.
A veces una necesidad profunda de ser reconocido tal como se es.

Y ahí cambia todo.

Porque el problema deja de ser “mi hijo cree que es un animal”…
y se convierte en:
“mi hijo está intentando decirme algo que no ha podido expresar de otra forma.”

Mirar hacia atrás para entender lo que está pasando hoy

Desde la visión sistémica, nada aparece de la nada.

Hay historias familiares que no se cerraron.
Vínculos que quedaron en deuda.
Personas que no fueron reconocidas en su lugar.

Y muchas veces, sin saberlo, los hijos cargan con esas emociones.

No lo hacen conscientemente.
Lo hacen por lealtad.

Por eso, antes de etiquetar o corregir, vale la pena hacerse una pregunta incómoda pero necesaria:

¿Qué está pasando en mi sistema familiar que mi hijo está intentando mostrar?

Mirar hacia atrás para entender lo que está pasando hoy
Mirar hacia atrás para entender lo que está pasando hoy.

Un fenómeno que no pide juicio… pide comprensión

El tema de los therians incomoda porque rompe con lo conocido. Porque desafía lo que creemos entender sobre identidad, adolescencia y realidad.

Pero reducirlo a “una moda” es perder la oportunidad de ver lo que hay debajo.

No todos los casos son iguales. No todas las historias tienen el mismo origen.
Pero hay algo que sí se repite:

jóvenes que buscan pertenecer, sentir, existir con sentido.

Y familias que, muchas veces sin herramientas, no saben cómo acompañar ese proceso.

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Lo que viene para las familias

Este fenómeno no va a desaparecer ignorándolo.

Va a seguir creciendo mientras existan vacíos emocionales, desconexión familiar y jóvenes que no encuentran un lugar claro dentro de su propio sistema.

La diferencia no la va a marcar la etiqueta “therian”.
La va a marcar la capacidad de los padres para mirar más allá del síntoma y sostener el vínculo.

Porque cuando un hijo deja de sentirse solo… ya no necesita convertirse en otra cosa para poder existir.

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